Latinoamérica se encuentra en la cima de una oportunidad única: dejar una generación atrás, después de casi 30 años de falta de inversión, y desarrollar infraestructura de clase mundial. Existen signos de un renacimiento de la infraestructura a cada paso: el Canal de Panamá y el 10% de su PBI invertido en infraestructura hasta 2012; el ambicioso sexenio de la infraestructura de México; la máquina de exportación de doble vía brasileña (minería y agricultura), junto con su escalada a un grado de inversión; y la confianza recientemente desarrollada por Colombia, con un nivel de demanda de infraestructura masivo y reprimido. De ahí la pregunta: los líderes latinoamericanos, responsables de tomar decisiones tanto en el sector público como en el privado, ¿responderán a esta oportunidad evidente?
No todos los signos resultan positivos, ya que la visión "optimista del vaso medio lleno" se combina sin dificultad con la impresión "poco optimista del vaso medio vacío". En un estudio reciente de CG/LA, se llegó a la conclusión que Latinoamérica cubrirá menos del 4% de la demanda de infraestructura mundial del 2030, debajo del 12-14% de 1980. Esta es una caída radical e histórica de la competitividad relativa: si en los próximos 20 años el mundo invertirá un billón de dólares anuales en infraestructura, la porción latinoamericana, incluidas todas las fuentes tanto internas como externas, sólo será de 40.000 millones de dólares de un total que debiera ser cuatro veces esa cifra.
Entonces, ¿de qué se trata? Cuatro desafíos definen el problema de la creación de una nueva generación de infraestructura estratégica:
1: Estrechez de miras. América está estancada en una estructura de preglobalización, en la cual cada uno de los países compite por obtener una ventaja. Ese mundo ya no existe; hoy en día toda la región se ve como una unidad de competencia. En este contexto, el surgimiento de una nueva clase de proyectos de integración, esto es, energía, transporte y autopistas, resulta vital para fomentar el crecimiento sostenido de la inversión.
2: Se deben entender las prioridades más importantes relacionadas al desarrollo de infraestructura. La globalización crea ganadores y perdedores de la infraestructura: se cancelan o "demoran" los proyectos vinculados a la procedencia de la producción y exportación de materias primas (puertos y logística, plantas de energía determinadas), a la vez que están manejados por las tarifas de servicios (transporte público, agua y obras sanitarias). Se necesita realizar un esfuerzo especial para crear y financiar proyectos de infraestructura centrados en la gente, ya que esta es la clase de proyectos que forjan a las sociedades exitosas.
3: Enfrentar la crisis del combustible. La región cuenta con recursos invalorables, pero no en lo que hace a los combustibles necesarios para la generación de electricidad. Tras el derrumbe del mercado de gas natural de la región, todos los países, a excepción de México, corren peligro. La cooperación entre los países necesita incrementarse a través de proyectos para el transporte del combustible, la creación de tecnología energética renovable regional y la revitalización de los planes para generar energía nuclear en la región.
4: Impulsar al sector público. El mayor desafío es reconstruir el sector público de manera tal que resulte el socio principal de la región en la creación de proyectos. La caída de la inversión en la infraestructura se refleja en la caída de la capacidad del sector público. Para desarrollar la capacidad del sector en lo que hace a la planificación, el financiamiento, la negociación, la diagramación y el control de los proyectos clave se requiere de un nivel importante y preciso de inversión.
La infraestructura es una inversión a largo plazo, una inversión estratégica: crear oportunidades para generar empleo, generar negocios y generar competitividad a 20 ó 30 años. Al tratar cada uno de los cuatro desafíos mencionados, esto es, presentar al mundo un costado regional que convenza, garantizar que los beneficios de la infraestructura de clase mundial son distribuidos a todos, crear una matriz de energía confiable y desarrollar la capacidad del sector público para que pueda liderar de manera eficiente y singular, comenzará a llenarse el vaso de la infraestructura latinoamericana. Las ventajas de la competitividad serán enormes, así como la generación de negocios y la generación de empleo (casi 1,8 millones de puestos de trabajo directo con salarios altos por año y esa cifra multiplicada por tres en lo que hace al nivel de empleo total).
Quizá llenar el vaso es sólo una cuestión de tiempo.
* El autor es presidente y fundador de la consultora CG/LA, con sede en Washington, DC
En internet: www.cg-la.com